viernes, 20 de julio de 2012

UN DÍA CUALQUIERA

Se levantó a la hora de cada día. Entró en la cocina con los ojos todavía pegados, encendió la cafetera y se fue a dar una ducha. Iba a necesitar una buena dosis de agua fria para despertarse.

Corrió hasta la parada del autobús cuando vio que éste giraba la esquina. Al subir, le sonrió a la chica con la que coincidia cada mañana. Hoy estaba especialmente guapa.

Trabajó durante 8 horas, con una hora libre al mediodía para comer. Como cada día de los últimos 15 años.

Eran ya las 18h cuando hacía cola en la oficina de Hacienda para presentar los papeles para poder hacer la declaración de la renta. Dedicó una hora y media a esperar su turnoy cinco minutos para entregar los papeles y hablar con el funcionario que lo atendió.

Tuvo que pedirle por favor a la cajera del supermercado que lo dejara entrar a comprar, a solo 5 minutos del cierre. Le contó que no tenía nada en la nevera porque las últimas semanas había estado trabajando mucho, no había tenido demasiado tiempo para sus cosas... no tenía nada para cenar.

Eran las 23h cuando entraba por la puerta de urgencias, después de que un coche lo atropellara al cruzar la calle sin mirar, empujado por las prisas y la agonia de llegar a casa pronto para descansar.

Las 00.16h fue la hora oficial de su muerte.

Se fue de aquí sin tener tiempo para él. Eso si, con todas sus tareas hechas.

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