Se levantó a la hora de cada día. Entró en la cocina con los ojos todavía pegados, encendió la cafetera y se fue a dar una ducha. Iba a necesitar una buena dosis de agua fria para despertarse.
Corrió hasta la parada del autobús cuando vio que éste giraba la esquina. Al subir, le sonrió a la chica con la que coincidia cada mañana. Hoy estaba especialmente guapa.
Trabajó durante 8 horas, con una hora libre al mediodía para comer. Como cada día de los últimos 15 años.
Eran ya las 18h cuando hacía cola en la oficina de Hacienda para presentar los papeles para poder hacer la declaración de la renta. Dedicó una hora y media a esperar su turnoy cinco minutos para entregar los papeles y hablar con el funcionario que lo atendió.
Tuvo que pedirle por favor a la cajera del supermercado que lo dejara entrar a comprar, a solo 5 minutos del cierre. Le contó que no tenía nada en la nevera porque las últimas semanas había estado trabajando mucho, no había tenido demasiado tiempo para sus cosas... no tenía nada para cenar.
Eran las 23h cuando entraba por la puerta de urgencias, después de que un coche lo atropellara al cruzar la calle sin mirar, empujado por las prisas y la agonia de llegar a casa pronto para descansar.
Las 00.16h fue la hora oficial de su muerte.
Se fue de aquí sin tener tiempo para él. Eso si, con todas sus tareas hechas.
NEVERENDING
Cuando creas que algo ha terminado, simplemente acaba de volver a empezar.
viernes, 20 de julio de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
LA SUMA DE ROJO Y AMARILLO NO ES NARANJA
Desde
1924, para ella, los años de su vida habían sido colores: recordaba las fechas
por el color con los que los asociaba. Para ella, los colores eran historias,
eran su camino. Rosa era el color del año que se casó, lila el color del
nacimiento de su primer hijo... Un año, un color.
1984
fue un año de color amarillo. El 25 de enero tiñó lo que quedaba de año: iba a
ser su color favorito. Y 1985, y 1986... con su nacimiento, todo empezó a ser
siempre amarillo.
Desde
1988 hasta 1990 todos los días fueron rosas y amarillos: sus salidas a la
playa, las primeras visitas del Ratoncito Pérez, sus primeros bailes, sus
eternas risas.
El
color verde fue el protagonista de 1991, ese año en el que tuvo que mudarse y
ella la sentó en su falda para revelarle que todavía había esperanza. Verde...
aunque también fue algo rosa y, sobretodo, muy amarillo.
Todos
los meses de 1999 fueron de color azul, como el cielo que les daba cobijo y era
testigo de cómo iban cambiando las cosas. Empezaba a ser la otra quien cuidaba
de la una, esa una que ahora vivía mezclando colores. Amarillo, rosa, verde y
azul. Esa una que ahora se dejaba cuidar por ella...
A
partir del nuevo milenio las horas y los minutos se volvieron también rojos.
Para su cumpleaños ella pedía un pañuelo rojo, o un abrigo rojo... algo rojo
que mostrara al mundo que aún era fuerte y apasionada, que aun estaba viva.
Para la otra, ella siempre lo estaría: seria roja, amarilla, rosa, verde y
azul. Estaría llena de color y viviría para siempre. Sería eterna.
Desde
entonces hasta el año 2002, los años fueron de todos los colores. Naranjas eran
sus tardes de sofá y de Marisol, lilas sus charlas sobre todo lo que se podía
hacer antes con una peseta, blancas las noches frías que compartían en
silencio, doradas las mañanas de lluvia que servían de excusa para quedarse en
casa y regalarse nuevas historias que contar... grises los momentos en los que
su mirada se perdía y no la reconocía.
Marrón
fue el año en el que ella entró a vivir en una residencia. A pesar de la poca
luz del 2006, sus visitas hacían que los mejores momentos del día fueran
amarillos, incluso el color verde volvió a aparecer para recordarle que todavía
había esperanza. Tendrían tanto verde como ellas quisieran.
Y así,
el 2007, el 2008 y el 2009 volvieron a ser amarillos, verdes, rosas, azules,
naranjas, lilas, dorados y muy muy grises, pero no fueron marrones. No, ya no
fueron marrones nunca más.
Con el
2010 llegó el color ámbar, ese que te sitúa entre varios colores pero hace que
no puedas verlos. Solo ves el poder del ámbar y lo que significa. Solo ámbar.
Ámbar. Ámbar... ámbar... hasta que todo fue negro.
Fue
también un 25 de enero cuando llegó el negro, y con su llegada, todos los demás
colores desaparecieron. Ella los buscaba entre los minutos de llanto y debajo
de las horas de melancolía, pero no estaban. Todos habían desaparecido. Toda su
vida dibujando sus días a todo color y ahora solo podía pintarrajearlos de
negro y de dolor, que se convirtió en un nuevo color y que parecía el
protagonista del 2012.
En
abril llegó el momento de enfrentarse a sus 88 años no cumplidos y al regalo
que nunca recibiría. Ya no hacía falta buscarle una pulsera fabulosa o algo
rojo que regalarle. Se pasó la noche de antes llorando y recordándola,
echándola de menos y agradeciéndole que hubiera invertido su vida en ella.
Y de
repente, entre el llanto y la melancolía volvieron a aparecer esos colores
perdidos. Aparecieron con una explosión de recuerdos de sonrisas y de amor
eterno. Su noche se tiñó de rosa, de azul, de naranja, de lila, de dorado y de
verde esperanza, y sobretodo de rojo y de amarillo, de ellas dos en pura
esencia. El 22 de abril se presentó frente a ella con un aura de arcoíris y una
promesa:
"A
lo largo de nuestra historia juntas hemos compartido muchos momentos
irrepetibles y una manera especial de querernos. Me has regalado cada minuto de
tu vida y cada parte de tu corazón, pero lo mejor que me llevo de ti es un
nuevo color con el que pintar mis días: tú. Tú eres esa mezcla perfecta entre
el rojo y el verde, ese tono de azul brillante, el naranja más puro. Ese color
que combina a la perfección con mi amarillo. Tú eres el color de mi vida"
Y a
partir de ese momento, nunca más le volvieron a faltar los colores. Cada 25 de
enero celebraba su día, el de las dos. El inicio de una y el final de la otra.
Curiosa ecuación de la vida que tenía como resultado la unión eterna de éstas.
La combinación perfecta de los elementos en todas sus formas y maneras, en
todos sus años, sus días, sus momentos y sus colores.
Ahora,
su abuela era eterna.
jueves, 19 de abril de 2012
HASTA QUE EL AMOR NOS SEPARE
Tengo 35 años y nunca me he enamorado. Rectifico. Nunca me había enamorado. Llevaba gran parte de mi vida pensando que no estaba hecha para el amor, para el romanticismo. Llevaba años pensado que tenía que aprender a vivir con ello, “no se puede tener éxito en todo” me repetía. He tenido éxito en el trabajo, con mis amistades; el amor parecía ser la parcela de mi vida que quedaría vacía.
Un martes de invierno lo conocí. Bajé a buscar café al bar de debajo de la oficina, realmente necesitaba cafeína para soportar el largo día que me esperaba. Estuve esperando más de diez minutos mi café, y sin saberlo, ese fue el tiempo que alguien tardó en fijarse en mí: se me cayeron todos los papeles de la carpeta al suelo y al agacharme derramé el té de la señora de al lado sobre su bolso. ¡Todo el bar se fijó en mí! Así es la vida: te pasas la mayor parte del tiempo intentando ser perfecta para gustar a los demás y se enamoran de ti cuando muestras al mundo tu versión más torpe.
Recuerdo que fue un día largo, agotador. Me descalcé y caminé sobre el frio suelo, de aquí para allá y de allá para aquí, esperando encontrar alivio a mis problemas en alguna de esas baldosas que tanto podrían contar sobre mí. “Lo acabo en casa, tranquila, con mi pijama y mi café” pensé. Recogí mis cosas y me fui.
- ¿Quién eres? – pregunté curiosa.
- ¿No me recuerdas? Nos hemos conocido hoy en el bar, justo después de que invitaras a la señora a otro té.
- Ahora no caigo… ¿cómo me has encontrado?
- No ha sido difícil. Entré en tu oficina preguntando por la chica pelirroja de la sonrisa infinita y me dieron información sobre ti. ¿Cómo te llamas?
- Ya lo sabes.
- Sí, pero déjame ser un caballero. Quiero que seas tú la que me lo cuentes todo sobre ti.
Hablamos durante horas sobre mí y mis pasiones, mis sueños y mis temores. Él me escuchaba y se reía, me transmitía paz y dulzura, aunque también hizo que sintiera deseo y un cosquilleo en el estómago totalmente nuevo para mí. Hacía que me olvidara de mi mundo, de mis problemas. ¡Eso era el amor! Pero también eran las 5 de la mañana. Me despedí con un beso apasionado y con una promesa de vernos lo antes posible… así que apagué el ordenador, subí las escaleras y me tumbé en la cama. “¿Qué hora es?” me preguntó mi marido. No pude ni contestarle. Solo pensaba en las palabras de Carlos, en su pasión y su energía positiva.
Y ahí estaba yo, despidiéndome del hombre que amó hasta la versión de mi misma más desastrosa, para acostarme al lado del hombre que solo amó mi versión más perfecta.
Un martes de invierno lo conocí. Bajé a buscar café al bar de debajo de la oficina, realmente necesitaba cafeína para soportar el largo día que me esperaba. Estuve esperando más de diez minutos mi café, y sin saberlo, ese fue el tiempo que alguien tardó en fijarse en mí: se me cayeron todos los papeles de la carpeta al suelo y al agacharme derramé el té de la señora de al lado sobre su bolso. ¡Todo el bar se fijó en mí! Así es la vida: te pasas la mayor parte del tiempo intentando ser perfecta para gustar a los demás y se enamoran de ti cuando muestras al mundo tu versión más torpe.
Recuerdo que fue un día largo, agotador. Me descalcé y caminé sobre el frio suelo, de aquí para allá y de allá para aquí, esperando encontrar alivio a mis problemas en alguna de esas baldosas que tanto podrían contar sobre mí. “Lo acabo en casa, tranquila, con mi pijama y mi café” pensé. Recogí mis cosas y me fui.
- ¿Quién eres? – pregunté curiosa.
- ¿No me recuerdas? Nos hemos conocido hoy en el bar, justo después de que invitaras a la señora a otro té.
- Ahora no caigo… ¿cómo me has encontrado?
- No ha sido difícil. Entré en tu oficina preguntando por la chica pelirroja de la sonrisa infinita y me dieron información sobre ti. ¿Cómo te llamas?
- Ya lo sabes.
- Sí, pero déjame ser un caballero. Quiero que seas tú la que me lo cuentes todo sobre ti.
Hablamos durante horas sobre mí y mis pasiones, mis sueños y mis temores. Él me escuchaba y se reía, me transmitía paz y dulzura, aunque también hizo que sintiera deseo y un cosquilleo en el estómago totalmente nuevo para mí. Hacía que me olvidara de mi mundo, de mis problemas. ¡Eso era el amor! Pero también eran las 5 de la mañana. Me despedí con un beso apasionado y con una promesa de vernos lo antes posible… así que apagué el ordenador, subí las escaleras y me tumbé en la cama. “¿Qué hora es?” me preguntó mi marido. No pude ni contestarle. Solo pensaba en las palabras de Carlos, en su pasión y su energía positiva.
Y ahí estaba yo, despidiéndome del hombre que amó hasta la versión de mi misma más desastrosa, para acostarme al lado del hombre que solo amó mi versión más perfecta.
jueves, 8 de septiembre de 2011
- ¿Por dónde andas?
- Estoy con mi hermana en el centro, tomando un café.
- ¿Te apetece que me acerque?
- Hombre… la verdad es que preferiría estar a solas con ella.
- ¿Porqué? ¿Teneis que hablar de algo en especial?
- No, simplemente me apetece estar con ella a solas.
- ¿No quieres que vaya?
- No he dicho eso, pero hace tiempo que no nos veíamos y quiero estar con ella, y así nos contamos que tal todo últimamente.
- Entonces, ¿molesto?
- No molestas, pero preferiría verte un poco más tarde.
- ¿Y si yo no puedo quedar más tarde?
- Pues nos vemos en otro momento, no pasa nada. Mañana, por ejemplo.
- ¿Siempre tienes que darme largas?
- No te doy largas. Simplemente te digo que mejor que nos veamos en otro momento. Quiero disfrutar de mi hermana.
- ¿Y porqué nunca quieres disfrutar de mi?
- Si quiero, pero creo que es mejor que nos veamos mañana. Con más tiempo para charlar, para estar tranquilos…
- ¿Y si mañana te surgen otros planes? ¿Me dejarás plantada?
- No, no te dejaré plantada. Mañana tengo toda la tarde libre y quería dedicártela a ti.
- ¿Y que tenías pensado que hiciéramos?
- Pues no sé, quizás podríamos ir al cine o al teatro y después ir a tomar algo a ese abr del centro. Diego me ha dicho que mañana hay jazz en directo.
- ¿A qué hora?
- Pues no lo sé exactamente, pero supongo que alrededor de las 23h.
- ¿Me pasas a buscar?
- Claro. Sobre las 20h estoy en tu casa.
- ¿Y seguro que hoy no podemos vernos ni aunque sea un ratito?
- Ya te he dicho que no.
- ¿Hasta que hora estaras con tu hermana?
- Hasta que nos cansemos de criticarte.
- ¿A mi? ¿Porqué?
- Porque me estás quitando minutos de estar con ella…
- Entonces, ¿cuelgo?
- Mejor.
Está la típica insatisfecha que todo lo pregunta. Yo soy de las que solo contesta a las cinco primeras preguntas. Las demás ya me parecen puro vicio. O puro tocamiento de cojones.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
SILENCIO
Mientras acababa de recoger todo lo que le quedaba en el armario, se dio media vuelta para asegurarse de que todavía no se había despertado. Había llegado a hurtadillas a primera hora de la mañana y ni se había acercado al dormitorio por miedo a hacer demasiado ruido. No. Todo estaba en silencio, casi como si entre esas paredes nunca hubiera vivido nadie.
Se acercó a la cocina a ver si encontraba algo con lo que escribirle una nota. Una servilleta serviría. “Me voy. No aguanto más esta situación, creo que hace tiempo que deberíamos habernos sentado a hablar de todo lo que ha pasado. Aunque ahora ya es tarde. No me busques, necesito empezar una nueva vida sin ti.” Con esas palabras puso fin a una relación de más de 10 años. Ni una explicación más, ni una llamada, ni una lágrima derramada. Nada. Cogió su abrigo y se largó.
Ahora podría empezar a vivir.
Pasaron meses antes de que decidiera volver. Había estado viviendo aquí y allí, en casa de una y otra amiga, sin sitio fijo y con muchas dudas. Se había preguntado si había hecho bien al dejarlo de esa manera, sin decirle nada más… ¿Le habría llamado? ¿Habría intentado localizarla? Cuando se cambió el número de teléfono pensó que seria una buena idea, así no tendría que soportar llantos y llamadas de madrugada. Pero ahora, no tenia tan claro si hubiera recibido esas súplicas. Necesitaba súplicas. No las había tenido y necesitaba saber si él todavía pensaba en ella, si había sufrido mucho. Necesitaba escuchar que no había podido vivir desde que ella se marchó. Después ya pensaría si quería volver con él o no, pero tenia la necesidad de hacer la aparición estelar que él, seguramente, llevaba soñando durante estos último meses.
Llegó a la puerta de su antigua casa y llamó. Nada. Volvió a llamar. Silencio. Pensó que quizás debía abrir la puerta con la copia de llaves que guardó (solo por si acaso, claro está), pero, ¿Y si le había visto por la mirilla y no quería dejarla pasar? ¿Y si al salir de la ducha se había resbalado y con el golpe no podía levantarse del suelo? SI. Iba a entrar, era lo mejor que podía hacer. Así que mientras abría la puerta lentamente, iba diciendo con voz suave “¿Hola? ¿Marcos? He estado llamando y he supuesto que no me habrías escuchado, necesito que hablemos. ¿Marcos?”
Al no obtener respuesta se fue paseando por la casa, observando cada detalle, cada rincón donde había pasado tan buenos momentos. Se acercó a la ventana y contempló las montañas a lo lejos, esas que siempre miraba cuando estaba triste y necesitaba soñar con el gran viaje. Recorrió cada habitación, buscando algo que le diera una pista de cómo le había ido a Marcos últimamente. ¿Alguna señal de que había otra mujer viviendo por allí? Iria a mirarlo al dormitorio, a ver si encontraba alguna prenda de ropa sospechosa.
“Quizás todavía duerme y por eso no me ha escuchado” pensó. “¿Y si está durmiendo con alguien?” intentó evitar el último pensamiento y abrió al puerta del dormitorio lentamente, para no hacer ruido y despertarlo(s). Vacio. El dormitorio estaba vacio. Suspiró satisfecha. Almenos no había tenido que enfrentarse a una imagen desagradable. Se acercó a la cama, se estiró y al girar la cabeza para buscar la almohada…
“Sé que no es la mejor manera de decir adiós, pero no soporto ver como nuestro amor se va. Espero que puedas entenderme… Me voy un par de meses a ver a Jorge a Buenos Aires. Después Diós dirá. Espero que me llames en algún momento, sino es así, lo entenderé. Siempre tuyo, Marcos.”
Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Silencio.
Silencio.
Cuando consiguió reaccionar, corrió hasta la cocina, y, efectivamente, ahí estaba su propia nota. En la misma posición, pero cubierta de polvo.
Habían pasado nueve meses desde el día que se fue. Que los dos se fueron. ¿Porqué no entraría en la habitación aquel día? Todo hubiera sido muy diferente si hubiera visto la nota antes de escribir la suya.
NO SE HUBIERA IDO. Con un abandono por hogar ya hay suficiente. Se hubiera convertido en la eterna despechada. Habría olvidado su deseo de escapar, su deseo de empezar de nuevo, de seguir adelante sin él, de probarse a sí misma, de recuperar su fe en el amor… habría dejado que el dolor del abandono la condicionara para siempre.
Menos mal.
Así que, dejó las llaves dentro de casa, sonrió por última vez a aquellas paredes y se fue cerrando con un portazo.
Entonces recordó que se habían enamorado porque creían que eran almas gemelas.
miércoles, 24 de agosto de 2011
EL CIELO ERA EL TECHO
Timo era el elefante más antiguo en el circo de Usuhaya. Hacía ya más de 10 años que prestaba sus servicios al exigente público, que le aplaudía y le aplaudía sin parar cuando lo veían aparecer, con ese tono de piel anaranjado, brillante. Precioso.
Su número era el más famoso de todo el show e incluso venían famílias de pueblos lejanos para verlo a él. Solo a él. Se sentía orgulloso de haberse convertido en la estrella del espectáculo, de eso no cabía duda, pero como era un elefante muy ambicioso, se había propuesto ofrecer al público un número todavía más espectacular: quería hacerse trapecista. Si. Lo había decidido mientras veía actuar a Elle, esa chica nueva tan maravillosa que siempre venía a hacerle caricias y darle besos mientras los demás bebían cerveza y bailaban al son de la música del tocadiscos. Timo soñaba con ser la pareja de Elle y así, convertirse en la pareja de moda del circo, dentro y fuera de la pista.
Así que empezó a practicar. Pensó que como nunca había estado más alejado del suelo que subido en un par de barriles, debía intentar subirse al muro que separaba la caravana del dueño del circo de la vía del tren. Primero se subió a un barril que encontró por ahí, para después subirse de un salto al muro. Una, dos y … al suelo! ¿Cómo no se había dado cuenta antes de que no podía saltar? “Debe ser por el peso” pensó, así que decidió hacer régimen durante la semana siguiente, rebajar volumen y estar más ágil para seguir practicando.
Pasaron los días y Timo se iba debilitando. Ya no tenía ganas de actuar y el público le daba igual. No comía más que por la mañana, para aguantar la primera función, y después se alimentaba a base de agua. Pasaba hambre, eso no hay que negarlo, pero él estaba contento porque sabía que con esfuerzo y sacrificio conseguiría su sueño. Sería el trapecista más famoso del mundo, con la novia más preciosa que se pudiera desear.
Y así pasaron las semanas, los meses… pero lejos de adelgazar, Timo solo consiguió sentirse cada vez más débil, con menos fuerzas para practicar. Como ya no rendía en su número, el director del circo decidió sustituirlo por Asha, una nueva elefanta llegada de un circo norteño. Se la habían vendido barata porque el circo tenía que cerrar y en un par de semanas había aprendido más que cualquiera de los demás elefantes que ya tenías.
Asha se convirtió en la nueva estrella del circo. Todo el mundo la adoraba, vitoreaban su nombre cuando aparecía e incluso le traían regalos. ¡Regalos! A Timo ni siquiera se le acercaban ya. Ni Elle venía a la jaula a darle besos por la noches. Siempre la veía, a lo lejos, sentada en un árbol caído mirando al cielo. ¿Estaría triste por él? Hacía un par de días que había escuchado que estaba bastante enfermo, y que debía guardar reposo el máximo tiempo posible. Se lo escuchó a un médico venido de muy lejos (o eso había escuchado también) que pasó con él un día entero y miró todas las partes de su cuerpo. “Este animal no come, está muy enfermo”, concluyó al final del día. “No se enteran, no estoy enfermo, lo que me pasa es que estoy haciendo régimen para convertirme en el mejor trapecista que jamás haya existido” y se durmió soñando con el gran día de su estreno.
Una noche, Timo se despertó al escuchar un gran golpe. Y otro. Y otro. Y así hasta asustarse tanto como para salir de su jaula a trompicones y darse cuenta de que el circo estaba en llamas. Gritos, lloros, alaridos de dolor. Sus compañeros recogían todas sus pertenencias (o lo que quedaba de ellas) y corrían sin rumbo, huyendo de la catástrofe. Pero los animales, seguían ahí, en sus jaulas, contemplando el final. Durante unos segundos, Timo se quedó paralizado, sin saber que hacer, casi sin fuerzas para moverse. Solo reaccionó cuando algo lo embistió y le gritó: “O reaccionas y me ayudas a salvar a los demás, o te paratas para morir quemado, pero aquí en medio, estorbas”. Era Asha. Siempre tan oportuna. La odiaba, la odiaba con todas sus fuerzas… pero ahora debía dejar su odio a un lado y aliarse con ella para intentar salvar a los demás animales atrapados. ¿Pero como iba a hacerlo? No tenía fuerzas ni para sostenerse en pie. Asha le propuso que él fuera el que apagaba el fuego y abria paso a los que conseguían salir, mientras que ella iba destrozando las jaulas de los demás para que pudieran escapar. Era un buen plan, teniendo en cuenta el estado físico de Timo. Se acercó a los barriles para coger agua de ellos cuando vió a Elle, atrapada en su caravana sin poder salir. Y mientras intentaba ayudarla derribando cualquier acceso a ella o ranura por donde pudiera ofrecerle esperanza, vio como las llamas la consumían. No gritó. Ella solo se quedó mirándolo mientras las lágrimas le empapaban las mejillas.
Timo se sentó en la arena, rodeado de restos de lo que un día fue un gran circo y de las últimas llamas que arrasaban con cualquier sueño y esperanza. No puedo evitar pensar que por su culpa Elle ya no podría ser su pareja de trapecio… ¿Qué sentido tenía entonces seguir con ese sueño? ¿Qué importaba ya todo si el motivo principal, si la razón, si el motor de su vida y sus ilusiones ya no estaba?
Pasaron los días y Timo estuvo vagando por el bosque. Triste, decaído. No sabía que tenía que hacer ahora que ya no tenía un objetivo. ¿Se puede continuar viviendo sin una meta?
Una noche, mientras dormía, algo le sobresaltó. ¡Asha! ¿Siempre tienes que sobresaltarme así? Aunque en realidad se alegraba de verla. Alguien con quien compartir su soledad no le iria mal. Estuvieron charlando durante horas, recordando la noche del incendio, a sus compañeros perdidos. Recordando lo que estaban destinados a ser, grandes estrellas de circo, y ahora solo eran dos elefantes vagando por el bosque en busca de alguien con quien compartir sus anhelos.
- ¿Porqué dejaste de comer?
- Tenía un sueño. Pero ahora ya no importa.
- Claro que importa. Se ha quemado el circo, pero no tus ilusiones. Todavia puedes seguir luchando por tu sueño.
- Bueno…
- Cuentamelo.
- Necesitaba perder peso porque quería ser el mejor trapecista del mundo.
(silencio)
- Timo.
- ¿Si?
- ¿Tú sabes que eres un elefante, no?
- Claro.
- Los elefantes no pueden ser trapecistas.
- ¿Porqué?
- Porque solo pueden serlo las personas, o como mucho os monos. A lo que me refiero es a que no tienes las capacidades para ser trapecista, no tienes manos con las que agarrarte al trapecio, por no hablar de tu tamaño…
- Ah. Nunca nadie me había dicho qué cosas puedo hacer y qué no. Solo se acercaban a mi y me daban de comer, me enseñaban trucos nuevos. Solo eso. Yo me iba fijando en lo que me rodeaba y el trapecio es lo que más me llamaba la atención. No pensé que no estaba capacitado para ello. Simplemente quería hacerlo y empecé a intentarlo.
- Está muy bien que tengas sueños, que te fijes metas en tu vida y que quieras conseguir cosas grandes. Es más, tienes que ser así. No debes dejar nunca de creer que eres capaz de hacer todo lo que te propongas. Y aunque ahora esperes un “pero”, no lo hay. De hecho, te animo a que seas trapecista, a que persigas tu objetivo.
- Pero tienes razón. ¿Cómo voy a hacerlo si no tengo las aptitudes ni las capacidades correspondientes?
- Adapta el trapecio a ti. Tú no eres demasiado grande, el trapecio es demasiado pequeño. Tú no necesitas subirte a lo más alto, puedes hacer los trucos desde menos alturo. ¿Qué no tienes manos? Algo se te ocurrirá para solventar esa parte.
- Pero entonces no seré el mejor trapecista del mundo.
- No, pero serás el primero que se atrevió con lo más difícil. Serás alguien que no habrá tenido miedo, que no se habrá dejado coartar por sus limitaciones. Serás el primer elefante trapecista de la historia.
Y así, en contra de cualquier idea, no fue Timo quien aprendió una lección, sino todos nosotros, porque esta historia no va de lo que no podemos hacer, sino de todo aquello que podemos lograr si nos adaptamos a nuestra situación y nuestras capacidades. SI dejamos a un lado todo lo que la gente nos dice que no somos capaces de hacer.
Para Timo, el cielo era el techo.
ÉRASE UNA VEZ...
... unas vacaciones aburridas. Y un montón de horas y minutos y segundos y ratos muertos que eran imposibles de llenar con nada que no tuviera una caducidad. Ir al cine: 3h. Ir a cenar con un amigo: 4h. Ir de compras (visitando tooooooooodas las tiendas): 5h. Y después? Qué quedaba después? Otra vez unas vacaciones aburridas.
Así que ese es el motivo de mi nuevo blog. Cerré el anterior porque mi inspiración se fue con las hojas de otoño. Desapareció para volver a rescatarme en un mes de agosto infumable. Pues bienvenida seas. Te había hechado de menos...
Pasaré mis últimos días de vacaciones aquí, contigo, inventado historias, como hacíamos antes. Contando al mundo que si puede ser mejor, TODO puede ser mejor. Solo tenemos que tener fe. Creer en ello. Luchar y soñar.
SOÑAR. Pero con mayúsculas. Nada de: "mi sueño es comprarme una casa". Eso es soñar en pequeñito, casi en blanco y negro. Yo sueño con un mundo donde de la tierra crezcan caramelos, donde del cielo caigan gotas de la bebida que más te guste y donde AMAR sea lo más importante.
Bienvenidos a mi mundo de fantasía.
Así que ese es el motivo de mi nuevo blog. Cerré el anterior porque mi inspiración se fue con las hojas de otoño. Desapareció para volver a rescatarme en un mes de agosto infumable. Pues bienvenida seas. Te había hechado de menos...
Pasaré mis últimos días de vacaciones aquí, contigo, inventado historias, como hacíamos antes. Contando al mundo que si puede ser mejor, TODO puede ser mejor. Solo tenemos que tener fe. Creer en ello. Luchar y soñar.
SOÑAR. Pero con mayúsculas. Nada de: "mi sueño es comprarme una casa". Eso es soñar en pequeñito, casi en blanco y negro. Yo sueño con un mundo donde de la tierra crezcan caramelos, donde del cielo caigan gotas de la bebida que más te guste y donde AMAR sea lo más importante.
Bienvenidos a mi mundo de fantasía.
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